El 10 de junio de 1933, antes del amanecer, despegó de Tablada un biplano sin radio con el Atlántico entero por delante. Casi cuarenta horas después aterrizó en Cuba. Antes de los radiofaros y de los satélites, un piloto sabía dónde estaba mirando el reloj: con la velocidad, el rumbo, el viento y el tiempo calculaba su posición sobre el mapa
Por eso los relojes de piloto se parecen tanto entre sí: números grandes, que se leen de un vistazo, y una corona que se gira con los guantes puestos. El Swell 131 está hecho con esa idea: un reloj que se entiende a la primera