
Un rotor
que giraba solo
En enero de 1923, en Getafe, voló el autogiro de Juan de la Cierva, un ingeniero de veintisiete años que buscaba un aparato capaz de volar despacio sin desplomarse. Lo consiguió con un rotor que giraba solo, movido por el aire, mientras una hélice normal tiraba del aparato. Los primeros modelos volcaban al despegar; la solución fueron unas palas articuladas que subían y bajaban al girar, y que después heredaron los helicópteros











