
Lapislázuli
Tributo a Antoni Gaudí. Dial de estructura tridimensional en relieve combinada con impresión por serigrafía. «El azul ultramar que Gaudí le robó al mar Mediterráneo»
EL CATÁLOGO
Todas las piezas de la casa, colección a colección. Filtra por lo que importa y encuentra la tuya.
Homenaje a Gaudí · Ediciones numeradas de 20 piezas

Tributo a Antoni Gaudí. Dial de estructura tridimensional en relieve combinada con impresión por serigrafía. «El azul ultramar que Gaudí le robó al mar Mediterráneo»

Tributo a Antoni Gaudí. Un diseño inspirado en las creaciones artesanales del modernismo histórico que aporta profundidad, color y un carácter único a la pieza

Tributo a Antoni Gaudí. Representación de la técnica "trencadís" original en aguamarina sobre vetas de doradas. «El Mediterráneo en calma que se contempla desde la torre de Bellesguard»

Tributo a Antoni Gaudí. Dial de estructura tridimensional tintadas de verde bosque sobre vetas doradas. «El verdor encantado que Gaudí cultivó entre columnas de piedra»
Tributo a Antoni Gaudí. Dial tridimensional serigrafiado en color carmesí sobre base rugosa de negro profundo. «El rojo encendido que Gaudí soñó para sus fantasías polícromas»
Tributo a Antoni Gaudí. Homenaje al Park Guell. Salamandra polícroma fragmentada: rojo, naranja, verde y amarillo sobre venas doradas.
Tributo a Antoni Gaudí. Blanco perlado con venas grafito y dorado tenue. «La luz de luna que Gaudí perseguía sobre los tejados de Barcelona»
Tributo a Antoni Gaudí. Negro azabache con venas doradas brillantes creando un efecto tridimensional. «La noche de Barcelona, rota y recompuesta en oro»
Cronógrafos de espíritu racing · Serie fundacional
Esfera negro racing con subesferas tricolor y aguja de cronógrafo en rojo. El dial que grita vuelta rápida antes de que nadie lo diga en voz alta.
Panda blanco con subesferas negras y agujas rojas. La legibilidad absoluta del que mide, no del que corre.
Esfera azul navy monocroma, aguja de cronógrafo naranja y escala taquimétrica de 500 a 60. El azul del cuaderno de ruta; el naranja, el lápiz que anota la curva.
Oro sobre negro, con agujas de cronógrafo doradas. El reloj del propietario, no del piloto: el que aparcaba el Pegaso frente al Automóvil Club.
Verde bosque con subesferas naranja y verde y anillo degradado. El color de los planos, la mesa de dibujo, la luz del taller a las once de la noche.
El cielo a primera hora del circuito, cuando todo está aún por demostrar.
El color que nadie espera en un cronógrafo racing — y el que todos recuerdan.
Esfera burgundy con estriado vertical, caja y agujas de oro rosa. El único de la serie que no se dibujó mirando a la pista, sino al despacho que la hace posible.
Esfera verde británico con contadores guilloché y aguja de cronógrafo roja. El verde del mono de trabajo; el rojo, el segundo que decide una parada.
El mismo verde británico, aquí con agujas negras y un contador partido en dos: sector rojo y sector oliva. El límite del motor, dibujado dentro de la esfera.
Esfera amarilla con contadores negros y agujas rojas, sobre brazalete rally de acero. Los tres colores con los que se avisa desde el borde de la pista.
Esfera azul eléctrico bajo caja de oro rosa, con agujas doradas y contadores de guilloché concéntrico. Azul de tinta, oro de plumín.
Relojes de vestir · Esferas lacadas de alta costura
La sobriedad absoluta del negro profundo absorbe la luz para ceder todo el protagonismo al destello metálico de los índices en forma de estilete. La etiqueta nocturna más estricta: un reloj que impone presencia a través de un silencio visual impecable
La pasión controlada por la geometría. Un rojo carmesí saturado que se oscurece hacia los bordes de la caja, como el poso de un buen vino. Un color audaz para la muñeca, que exige llevarse con seguridad y carácter
La profundidad del Atlántico al atardecer. Un azul trabajado en sunburst que refleja la luz con la intensidad de la seda salvaje o de un traje de lana fría. La opción más versátil y cosmopolita: el equilibrio exacto entre el día y la noche
Una anomalía óptica fascinante. El degradado viaja del verde esmeralda a un índigo profundo y rompe la norma de la esfera monocromática. Como la aurora polar, muta con cada giro de la muñeca. Para quien domina el escenario con clase
La luminosidad del lino en pleno verano. Una esfera prístina, suave, de sutil tono champán, que proyecta una claridad inmaculada. La elegancia relajada de la Costa: trajes claros, vestidos vaporosos y la luz cenital del mediodía
La transición perfecta. Un degradado que funde la calidez de los pigmentos cobrizos con la frialdad enigmática de los matices violáceos. El cielo en el instante previo a la noche: una pieza cálida, nostálgica y visualmente arrolladora
El tributo al British Racing Green. Un verde denso, boscoso, con reflejos dorados que respira herencia y deportividad de la vieja escuela. Una tonalidad rica y profunda que subraya el carácter atemporal del conjunto
Un azul claro y sereno, plano y luminoso, sin degradado: la esfera más limpia de la serie. La frescura de una camisa de popelín recién planchada, pensada para el día y para la luz. Un color que descansa la vista y afila el acero de los índices
Un rosa empolvado, mate y contenido, lejos de cualquier estridencia. Recuerda la seda de un forro o el interior de un pétalo. La esfera más inesperada de la colección, y una de las más elegantes cuando se lleva con naturalidad
Reloj de buceo automático nacido en el vértice de los vientos
Nácar que cambia con la luz como la espuma de Valdevaqueros. Acentos rojos de cometa y el único segundero rojo de la serie
El Poniente trae el oleaje del Atlántico. Un cobre tostado como la roca del acantilado y la arena húmeda de la duna
El Levante es el viento del este: térmico, racheado y brutal. Un rojo encendido como los atardeceres de la costa de Cádiz
El verde de las aguas someras de la laguna de Los Lances, donde los riders buscan agua plana para ir a máxima velocidad
El abismo azul donde convergen las corrientes. Un degradado profundo como el cambio de fondo del Estrecho de Gibraltar
Negro texturizado como el carbono de las alas de un foil. La versión más táctica: absorbe la luz y deja hablar a los índices
Cronógrafos de espíritu explorador · Edición Malaspina
La pureza de la primera luz sobre los glaciares. Esfera blanca y subesferas azul marino para una lectura exacta, como un cuaderno de bitácora abierto al sol del hielo
El color del amanecer sobre el arrecife. Esfera salmón en un solo tono, segundero de cronógrafo rojo y la paleta cálida de la fauna marina que pintaban los dibujantes de la expedición
La nieve de las cumbres y la roca volcánica en una misma esfera. Blanco panda en caja de acero negro, con el segundero rojo del esfuerzo que no se detiene
El verde del bosque mediterráneo, subesferas crema como la luz entre las hojas y un segundero azul cielo. Caja con baño de oro de 24 K para el reloj más paciente de la serie
Negro de cielo abierto en caja de acero negro. Escalas blancas como estrellas y un segundero rojo que late en la oscuridad: el cronógrafo de la navegación nocturna
El azul profundo del Pacífico con un anillo turquesa de laguna al amanecer. Caja con baño de oro de 24 K y segundero blanco: el tributo al comandante de la expedición
Ocho esferas para una noche de Madrid · Para quienes dejaron de pedir permiso
Gris cálido y un pequeño segundero negro con marcas celeste. Las siete de la tarde en el barrio que, antes de la leyenda, se llamaba Maravillas: nadie sabe lo que va a pasar esta noche, y por eso puede pasar todo
Lila pálido y un pequeño segundero negro con marcas coral. El cielo de las nueve menos cuarto, que también es un presagio, en homenaje al concierto de la Escuela de Caminos que lo anunció todo
Coral como el sol que se pone y un pequeño segundero blanco con marcas lavanda. Las diez y media en la sala de la calle de los Jardines: el primer acorde de la noche
Negro absoluto, numerales en plata pulida y un pequeño segundero blanco. Medianoche en la Prospe, el barrio de la sala de la calle Padre Xifré, cuando la noche de Madrid acababa de empezar
Lavanda intensa y un pequeño segundero blanco con marcas topo. Las dos de la mañana en una pista de Malasaña, donde por fin cada cual podía ser quien era
Azul noche y un pequeño segundero blanco con marcas pervinca. Las cuatro de la mañana, un bordillo y planes para fundar un grupo, una revista o un sello, como el que nació en un piso de la calle Zabaleta
Azul pervinca y un pequeño segundero blanco con marcas gris cálido. La vuelta a casa por Lavapiés con la primera luz, a la hora azul
Topo y un pequeño segundero blanco con marcas salvia. Domingo por la mañana en el Rastro: discos de segunda mano, fanzines recién grapados y otra vez todo el mundo